HISTORIA LA CIUDAD ÁRABE: CALATALIFA
Autor: David Martín del Hoyo

El Visillo:

Incluyo este despoblado del término villaodonense porque durante un tiempo perteneció a Móstoles.

Su emplazamiento fue el actual paraje villaodonense llamado Cerro del Miradero, dentro de la finca Cueva de la Mora; existe un paraje en término de Navalcarnero, al otro lado del Guadarrama, que también se denomina El Visillo; esto puede despistar un poco, pero tan sólo es un topónimo muy común en estas latitudes.

El cerro del Miradero es una loma rodeada por barrancos en tres de sus cuatro costados (al Oeste por el Guadarrama, al Sur y al Norte por unos arroyos), por tanto lugar estratégico para la defensa.

Es probable que existiera un castro carpetano, ya que cerca (ribera del arroyo del Soto casi en su desembocadura en el Guadarrama, al lado de donde está la Colonia del Guadarrama) se hallaron dos fíbulas prerromanas, que podían ser parte de un ajuar funerario, y por tanto haber sido ese lugar la necrópolis del castro del Cerro del Miradero. Igualmente se han hallado cerámicas prerromanas en este cerro, lo que confirma mi teoría.
Por si queda alguna duda, el emplazamiento defensivo, en un escarpe, es mas propio de un poblado prerromano carpetano que de una población surgida en época romana (pues tendían a ubicarse en las llanuras).

Siguió estando poblado el lugar en época romana y visigoda, pues se hallaron cerámicas romanas (terra sigillata), ruedas de molino y una posible torre en el lugar, además de cerámicas hispanogodas.

Es en época islámica cuando tenemos total seguridad de que el lugar estuvo poblado, y cuando alcanzó su máximo esplendor militar, demográfico y económico (y de ésta época datan la mayoría de los restos arqueológicos, cerámica sobre todo, hallados en sus ruinas).
Y es que al otro lado del Guadarrama, pasaba una vía de origen romano que unía Segovia con Toledo (a pesar de que había alternativas que corrían más hacia el este). Según el cronista árabe Ibn Hayyan, por esta vía pasó el emir andalusí Abd al Rahmán III en su camino hacia la batalla de Simancas, en 939. Dice el cronista, que al pararse para repostar en aquel lugar (donde había un poblado) observaron un eclipse de sol. El emir y sus tropas, interpretaron el fenómeno como una señal de Alá, por lo que decidieron convertir el poblado en una fortaleza. Y así fue, el poblado hispanogodo fue transformado en una ribat (poblado fortaleza), hacia el año 940. El poblado que había sido una comunidad agropecuaria (que cazaban y recolectaban para completar su economía) se convirtió en una mini ciudad fortificada, con sus vecinos (ya islamizados) dedicados a una productiva agricultura (destacando la horticultura), ganadería (ovejas y cabras), pesca y artesanía (telares, herrerías, alfares…), compaginando estas actividades con la vida militar de la guarnición de la fortaleza. Durante cerca de dos siglos, esta fortaleza denominada Q’alat Halifa (castillo de ladrillo o del Califa) formó parte de las que vigilaban el paso natural del Guadarrama hacia Toledo. En 1031, al desmembrarse el emirato andalusí en taifas, esta tierra quedó dentro de la taifa de Toledo y la Marca Media.


Basamento de la muralla árabe de la ciudad de Calatalifa

En 1085 estas tierras fueron incorporadas al reino cristiano de Castilla, gracias a la toma de Toledo por el rey Alfonso VI El Bravo. Desde entonces y durante un tiempo estas tierras pertenecieron al alfoz toledano.

Inevitablemente, la conquista de estas tierras por manos cristianas trajo consigo la huida de muchos mudéjares (musulmanes) de la zona hacia reinos andalusíes. Se intentó repoblar los principales núcleos con guerreros cristianos (castellanos viejos, gallegos, cántabros, vascos, francos…) venidos con las huestes invasoras; pero el intento fracasó (excepto en el caso de Madrid), contando estas villas con un vecindario escaso, con lo que terminaron siendo cedidas a otras villas o señores y perdiendo su personalidad jurídica.

En esa época, la parte oriental de la actual Comunidad de Madrid seguía en poder almorávide. Desde las fortalezas del corredor del Henares, Tajuña y Jarama, los guerreros almorávides realizaban incursiones en territorio cristiano, en forma de saqueos y razzias (ataques relámpago) en las que además quemaban los bosques para evitar emboscadas, y también arrasaban las cosechas; su objetivo era dejar vacío un cerco alrededor de Toledo para poder tomarla.

Estas incursiones (en los años 1090, 1096, 1099, 1131, 1136, 1196…), y las continuas guerras dejaron devastadas las regiones rurales del reino de Toledo, incluida nuestra zona; los escasos moradores de estas tierras abandonaron sus aldeas, dispersándose y escondiéndose para evitar los saqueos y el hostigamiento. De esta manera, multitud de aldeas y asentamientos rurales desaparecieron o quedaron casi despoblados. Esto creó una gran dificultad para la repoblación de Calatalifa (que es el nombre de la fortaleza castellanizado).

Calatalifa recibió Fuero de Toledo en 1118 (junto con las poblaciones de Madrid, Talamanca, Canales, Olmos, Alfamín…), por lo que se estableció como villa o municipio, con su concejo y su alfoz (comunidad de Villa y Tierra), que debía extenderse por la cuenca del curso medio del Guadarrama, desde la presierra, al Norte, hasta Santa María de Batres (monasterio antiquísimo en el actual término de Carranque), al Sur.

En 1136 Alfonso VII la cedió al obispado y cabildo segovianos, y en 1161 fue traspasada al concejo de Segovia; por tanto el alfoz de Calatalifa quedó para el de Segovia, más o menos lo que luego fue el sexmo de Casarrubios (o Can Mayor).

Un trozo del documento de la cesión dice así:
“...Confirmo etiam et concedo ecclesie et episcopo iam dictis suisque succesoribus, Calatalipha, cum omnibus suis terminis antiquis et redditibus integris quos in diebus maurorum vel in diebus mei avi regis Adefonsi tenuisse et habuisse cognoscitur. Illud etiam quod antiquis terminis antiquis de Calatalipha, videlicet: Santa Maria de Bathles et sicut carrera vadit et dividit ad Ulmos ad Magerith...”


La traducción podría ser la siguiente:
“Confirmo además y concedo a la iglesia y al obispo antedichos y a sus sucesores Calatalipha, con todos sus términos antiguos y rentas íntegras, las que hubiera tenido y se hubieran conocido en los tiempos de los moros o de mi abuelo Alfonso (VI). Además los antiguos términos de Calatalipha, es decir: Santa María de Batres y tal como va y divide la carrera de Olmos a Madrid.”

Desde entones no fue mas que una puebla (pedanía) de Segovia, con su parroquia particular.

Sabemos que los límites con Madrid debían estar en la cañada de la Carrera (también llamada de Alcorcón). El vado de las Viñas, que estaba junto a la población, servía para cruzar el escasamente caudaloso Guadarrama de Calatalifa (llamado así para distinguirlo del Guadarrama de Madrid, luego río Manzanares).

Durante el siglo XII se produjo un nuevo intento de repoblar la villa de Calatalifa por parte de Segovia (concediendo cartas pueblas), intento que no dio mucho resultado.

Igualmente, el alfoz con el que contaba la villa formaba ya parte del alfoz segoviano, siendo sus baldíos y alijares propiedad comunal del concejo de Segovia.

En 1150 se reunieron sus escasos vecinos en la iglesia del lugar y prometieron dar 1 fanega de trigo por yugada labrada en su término a la iglesia de Santiago de Compostela.

Hay que señalar que en un principio, la ubicación de este poblado en lo alto de un escarpe en la ribera del Guadarrama pudo tener su lógica, porque era un sitio estratégico para la defensa y vigilancia de los alrededores (imagino que desde este alto se visualizaba una amplia panorámica, para confirmarlo, ahí tenemos sus topónimos: El Viso, El Miradero…), y sobre todo en época islámica como fortaleza en el paso natural desde el otro lado del Sistema Central hacia Toledo. Sin embargo, tras la Reconquista perdió este interés estratégico-militar; entonces las ventajas de su ubicación disminuyeron ante las desventajas: el estar colgada en un escarpe, que le dificultaba unos buenos accesos (sólo por el Este se podía acceder bien a la población), el mal abastecimiento de agua (el terreno no es abundante de aguas subterráneas, por lo que no habría pozos; sabemos que existieron dos aljibes, en los cuales se recogía agua de las lluvias para abastecer a la población, y las aguas del río solo se utilizaban para regar las huertas existentes), la aspereza del terreno (un terreno muy ondulado, escarpado y malo para moverse con facilidad por él), y sobre todo porque el tránsito frecuente por la vía que pasaba al lado (Toledo-Segovia) disminuyó para pasar sobre todo a la vía que iba por las cuerdas altas. Todos estos motivos, supusieron un impedimento para fijar repobladores con éxito. Durante los siglos XII y XIII, Calatalía recibiría pocos repobladores, y su población originaria iría menguando, porque su ubicación era inviable, y por tanto nadie o casi nadie quería vivir allí.

Calatalifa ya no era villa, si no una simple puebla perteneciente al concejo de Segovia, a la cual pagaban sus escasos vecinos los tributos y diezmos correspondientes.
La puebla de Calatalifa, como las demás, debió contar con un término donde los vecinos debían labrar la tierra y donde se incluían baldíos que eran propiedad del común del concejo segoviano. Este término se extendía por ambos lados del Guadarrama.

En 1270 fue cedida a García Martín (notario del rey), quien intentó repoblarla con Fuero segoviano; en aquella época se denominaba El Viso de Calatalía o Carratalía. El nuevo dueño amojonó el término de Calatalía; término que se amojonó de nuevo en 1302 con las Ordenanzas establecidas por Segovia; igualmente se amojonó la dehesa boyal de la aldea.

Dado que no tenemos más noticias de la población en tiempos posteriores, imaginamos que de nuevo fracasó el intento de repoblarla, y ya en el siglo XIV quedó totalmente despoblada (sobre todo debido a las epidemias de peste, a la aspereza del terreno y a la acuciante falta de agua; además que la ubicación junto al río, foco de contagios de peste, fue su principal enemigo), emigrando sus últimos vecinos a las aldeas vecinas de Odón, Sacedón, Zarzuela y Móstoles ; en el caso de éste último se cree que emigrantes calatalifeños se establecieron al Este del caserío, y ese casar se le denominó con el nombre de la aldea de Carratalía, topónimo que pudo evolucionar a Carratalla, Cartalla y Cartaya (nombre de una calle actual y antiguo descansadero de ganado).

El perímetro de la población fue utilizado desde entonces como cementerio.


Actualmente en la zona de enterramientos de Calatalifa aún se conservan restos humanos

Tras despoblarse, algunos de los últimos vecinos de esta población se mudaron a Móstoles, y por este suceso, podemos decir que se fusionó en cierto modo el concejo de Carratalía al de Móstoles, por lo que seguramente el concejo mostoleño se apropió de la dehesa boyal y el despoblado, quedando como una heredad, parte de los bienes del común (o de propios) del concejo de Móstoles. La jurisdicción sobre estos terrenos de Carratalía también fue anexionada a la de Móstoles, y por ello nuestro concejo debía aspirar a absorber también el resto del término de Carratalía.

A mediados del siglo XIV surgió en el término de Carratalía una aldea denominada Sacedón (seguramente fundada siguiendo las Ordenanzas), y tiempo después otra al Sur de esta, llamada Puebla de María Martín (o de Martín Lopez, o de Alparrache, Tiracentenos…).

El topónimo del despoblado evolucionó de El Viso (habiendo perdido el añadido de Carratalía) a El Visillo, o Visillo de Móstoles, como se le denominaba en el siglo XVI.

Probablemente el concejo de Móstoles explotó su heredad de El Visillo como bienes de propios, arrendando suertes de tierra para el cultivo de cereales, y quizá también de viñas (los topónimos Parral del Sacramento , Vado de las Viñas y la cañada de las Viñas nos hacen pensar eso…).


Fotografía del algibe de origen árabe en Calatalifa.

En 1565 el concejo de Móstoles vendió su heredad de El Visillo para poder pagar su independencia a la Corona.
La subasta de estas tierras le proporcionó al concejo de Móstoles 10.000 ducados para pagar en parte su independencia a la Corona. Esta sustanciosa cantidad (1.000.000 de reales) nos hace imaginar que el trozo de término de El Visillo que poseía el ayuntamiento de Móstoles no debía ser nada despreciable en cuanto a extensión se refiere, o si no, por lo menos era muy valorado.
Los compradores de estas tierras fueron los hidalgos Francisco de Rojas, Diego de Ortigosa y Diego Alvarado de Ciceros (que tuvo que ceder una parte al vecino Alonso Martín).

En 1576, en las Relaciones Topográficas de Felipe II se decía que este despoblado lindaba con nuestra villa por el Norte y el Oeste (por el Noroeste mas bien) y que eran tierras de pan (que se cultivaban mayormente cereales, aunque posteriormente habría estupendas viñas en el Parral del Sacramento); y su jurisdicción, a pesar de pertenecer a Segovia, era compartida con Móstoles; como esto es un poco confuso, he supuesto que lo querían decir es que el término de El Visillo seguía incluido en el alfoz de Segovia, pero que el concejo de Móstoles había poseído (como bienes de propios) parte de su término (el propio despoblado y la dehesa boyal), y quizás también la jurisdicción sobre esos terrenos, que conservaba en estos años tras haber vendido las tierras.

En 1592 los condes de Chinchón, a quienes habían sido cedidas las pueblas de Sacedón, Cienvallejos, Zarzuela la Nueva (que englobaba a la despoblada Tiracentenos) y Odón, decidieron acotar o amojonar su señorío en la zona. Los términos de Zarzuela, Sacedón y Odón se constituyeron a costa del de El Visillo, algo que no fue bien visto por el entonces alcalde mayor de Móstoles, Diego de Ortigosa (quien por cierto era dueño de parte de la heredad enajenada), quien protestó una y otra vez por el lugar en el que los condes de Chinchón iban poniendo los mojones, porque dejaban dentro de su señorío los terrenos que Móstoles tenía en su jurisdicción de el despoblado de El Visillo, y a los que nuestra villa aspiraba a anexionar (los del otro lado del Guadarrama). El alcalde entabló un pleito con los condes, pleito que en principio se resolvió a favor de Móstoles, quedándose con la jurisdicción que tenía en El Visillo y quizá con la de los terrenos de este despoblado al Oeste del Guadarrama. Sin embargo, estos restos del término de El Visillo, en jurisdicción mostoleña, acabaron tiempo después, y de forma definitiva, dentro del señorío de los condes de Chinchón, como parte de los términos de Sacedón, Odón y Zarzuela (despoblada hacia el siglo XVII y anexionada a Navalcarnero).

El topónimo de El Visillo se perdió, siendo utilizado hoy el de cerro del Miradero, que viene a significar lo mismo (cerro desde el que se visualiza una amplia panorámica).

Una pequeña galería subterránea con restos musulmanes fue llamada Cueva de la Mora, que dio el nombre a la finca en la que está el despoblado actualmente. Esa finca es de una empresa industrial de extracción de tierra y áridos, por lo que parte de las ruinas de El Visillo, o mejor dicho, de Calatalifa, han quedado destruidas. Suerte que ha en los últimos tiempos ha podido ser excavada por el arqueólogo Manuel Retuerce, y salvarla del olvido.

Un pequeño resumen de la etimología del topónimo del despoblado:
Q’alat Halifa > Calatalipha > Calatalifa > Calatalía > El Viso de Calatalía (o Calatalya) > El Viso de Carratalía > El Viso > El Visillo > El Miradero y Cueva de la Mora.
De Carratalía, nombre dado al casar conformado por los últimos vecinos de dicha población establecidos en Móstoles, pudo evolucionar a Carratalla, Cartalla y Cartaya.

 

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